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Bienvenid@s Tod@s

noviembre 04, 2009

Las vemos en el trabajo, en el metro, en casa: hemos sido invadidos por pantallas!

Traten de no gritar de miedo y/o emoción, pero desde ahora las pantallas llegarán a las revistas. El próximo mes, miles de copias de la revista US Showbiz de Entertainment Weekly contendrán un aparato electrónico ultradelgado que será capaz de mostrar 40 minutos de video gratuito, que se activa al momento de abrir la revista. Y como valor agregado, si la sumerges en la bañera mientras la lees, instantáneamente te ganarás una terapia de electrochoque convulsivo de 40 minutos para cuerpo completo, totalmente gratis! (aunque desafortunadamente por motivos legales, debo mencionar que ésto es completamente falso).

Esta trágica noticia no es una sorpresa. Las pantallas nos tienen rodeados. La semana pasada estaba de pie en el andén del metro viendo un comercial de Gasco siendo proyectado digitalemnte lo más cercanamente parecido al HD, para darnos la posibilidad de mirar algo mientras esperaba el tren. Mostraba niños pequeños disfrazados de frágiles llamitas azulinas, cantando y bailando al ritmo de una canción de Rafaella Carrá, jugando, saltando, corriendo y riendo como si la luminosidad preternatural de sus trajecillos de llamas azulosas hubiesen de alguna manera causado un corto circuito en sus pobres y pequeños cerebritos.

El contraste entre las caras de los pequeñuelos del comercial y de aquellos que esperábamos en el andén no podría haber sido mayor. En el comercial, sólo sonrisas. En el andén, expresiones taciturnas plastificadas con un suave brillo de mugre y sudor; las inconfundibles caras manchadas de vergüenza Santiaguinas. No hay "aire acondicionado" (si se le puede llamar así a los ventiladores que rocían agua hedionda sobre los pasajeros) aún por estos días en el tren subterráneo, así que en un día caluroso la gente rápidamente se parece a cualquier tipo de embutido vestido con ropa de calle, esperando a que se acabe el aire. Bajo estas circunstancias, el comercial de Gasco resultaba sarcástico; no era un video inofensivo, si no una ventana mágica mostrando como podría ser la vida si no estuvieses atascado en una maloliente pocilga llena de víctimas empujándose desanimadamente por algo de espacio.

Metro también tiene pantallitas que te muestran videos y comerciales mientras vas viajando. Donde antes se encontraban lugares para descanar mientras viajabas, ahora tienes pantallas de mala calidad que suenan demasiado fuerte si quieres estar tranquilo, y demasiado despacio si quieres poner atención. Qué pasó con los posters? Esos en que aparecían hermosos modelos y que ocasionalmente tenían un montón de chicles secos pegados a la nariz del modelo en cuestón. Ahora podemos ver al modelo hablando y moviéndose como si realmente tuviese el chicle pegado a la nariz, dejando a la gente sin lugar para poner los chicles propios.

Es imposible no estar al menos ligeramente impresionado, no pensar "Oh, estoy en Sentencia Previa", incluso si pasas por diezmilésima vez por ese lugar. Las pantallas, por estos días se están viendo cada vez más reales, incluso más que la gente que se atraviesa por enfrente de ellas. El mundo publicitario nunca se vio tan vívido y limpio, mientras nosotros los humanos parecemos rayas grotescas en el excusado, en comparación a ellos. Deberían prohibirnos a todos nosotros, desperdicios de carne humana, usar las escalas mecánicas, y dulcemente poner en cambio a todos los hermosos ejemplos de la belleza que trae consigo la tecnología: Macbooks, iPods, Celulares maravillosos, Xbox 360s y todo lo demás; una maquinita brillante puesta en cada peldaño, con pantallas anunciando Avatar 3D, reflejada levemente en las minimalistas superficies perfectamente diseñadas de cada artefacto tecnológico, mientras siguen subiendo por la escala mecánica, elevándose hacia la luz. Hey, es su destino: nosotros podemos usar las escaleras normales.

En el centro comercial Macy's en la Séptima Avenida de Manhattan, NY - para los que no lo conocen, imagínense el Duty Free de un aeropuerto del siglo 22 – una serie de "centros de información" vagamente parecidos a iPhones gigantes, se mantienen fijos a través del piso 1. Si quieres saber dónde comprar unos jeans, simplemente toca la pantalla interactiva e instantáneamente te da 500 marcas distintas donde puedes comprarlos, incluyendo las instrucciones de cómo llegar a ellos desde tu ubicación actual. Y si lo que quieres comprar es un celular, una radio o unos comics, o quizás algo que sea más comprometedor, sólo debes tocar la pantalla interactiva, y se quedará ahí ignorándote como si te hubieses vomitado encima y estuvieses pidiendo una cooperación para volverte a tu casa; juzgándote, como un meditabundo obelisco rumiante – hasta que no aguantas más el frío (ahí sí tienen aire acondicionado) y huyes del complejo de 1 manzana cuadrada y 15 pisos, gritando despavorido, pasando cerca de 2 kilómetros cuadrados de pantallas en tu huir.

Si un prócer conquistador viajara desde el pasado hasta nuestros días, pensaría que hemos sido invadidos por rectángulos brillantes. La rutina diaria del santiaguino va más o menos así: Despiertas y miras una pantalla hasta que te dice que es hora de irte de tu casa, das un paso fuera de tu departamento (donde apareces en la pantalla del CCTV del guardia de turno), tomas el metro (con una pantalla en el andén y otra dentro del tren), para sentarte mientras miras tu iPod, iPhone, PSP u otro, llegas a tu oficina (a mirar una pantalla todo el día), después irte a casa (mismo recorrido, pero a la inversa), donde llegas a repartir tu atención entre el internet (la pantalla que tienes en tu regazo) y la televisión (la pantalla que está en la esquina) y tu teléfono (una pantalla portátil donde puedes también hablar).

Todo lo que necesitan los citadinos es tener una pantalla con la cual tener sexo, y el círculo se completa. Panasonic está indudablemente perfeccionando la más terrible tecnología LCD que se ha conocido. Probablemente una que haga que los comerciales aparezcan en 3D en tu cabeza por medio de holografías, hasta que llegues al orgasmo. Si se pensó 15 años atrás en una película protagonizada por Sylvester Stallone y Sandra Bullock, debe haberse hecho ya.

La absoluta omnipresencia de las pantallas está aún instalándose – solamente se volvieron totalmente inevitables hace un par de años – pero ya estoy terroríficamente acostumbrado. Cuando de tiempo en tiempo me aventuro dentro de esa marea verde y húmeda llamada campo, la falta de pantallas es abismante. Miro a los carteles de fiestas y anuncios con una expresión de incomprensión idiótica. La Semama Pumarina? Es una película? Porqué no se mueve? Es una película sobre una semana que no se puede mover? Cuando una vaca se ponga a pasear con nada menos que un plasma colgado de uno de sus flancos, instintivamente lo filmaré con mi celular (así puedo verlo en otra pantalla) y por tanto no me va a asustar. Entonces, le mando un email con la grabación a mis amigos allá en la ciudad, para que así ellos puedan buscarla online y me digan que piensan de ello. "Ooh: aparentemente es una especie de animal. Ahora lo entiendo, pues lo veo/leo por mi pantalla!"

Sí. Pantallas. Si quieres una imagen del futuro, imagina una pantalla meando fósfatos iluminados por iones en la cara de un ser humano.

Para siempre.