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diciembre 17, 2009

Carta abierta a los diputados de la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia

Señor(a) Diputado(a)

Escribo esta carta entendiendo que son quienes hemos elegido para crear las leyes que vivimos día a día.
Estas leyes deben normar nuestra existencia, haciéndonos a todos iguales ante ellas, y no distintos.
Estas leyes nos aseguran que cada uno de nosotros será tratado igualmente a los otros, porque ese es uno de los preceptos primigenios de nuestra Constitución: somos todos los chilenos hombres y mujeres libres e iguales en deberes y derechos.

¿Pero de qué igualdad podemos hablar, si las personas en Chile no tenemos los mismos derechos?

Sé desde mi experiencia personal que aquellos que tenemos una orientación sexual no héterosexual quedamos implícitamente fuera de la vista de la legislación (a menos que sea para designar "crímenes" arbitrariamente estipulados en el código penal, como los artículos 365 y 373), y sin embargo seguimos aquí: viviendo, sintiendo, creyendo. Creyendo en nuestro país y sis posibilidades, en los lazos que en él y hacia él creamos, en todo lo que nos llena de orgullo. Y también en todo lo que podemos mejorar.

Reconocer en la ley que efectivamente todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos y obligaciones, es la forma más acertada de honrar el trabajo que desde casi doscientos años llevan realizando los legisladores y ejecutivos, en su obligación para con el pueblo de Chile. Estamos llegando al bicentenario de nuestra nación, abriéndonos al mundo como un país estable económicamente y un país desarrollado entre nuestros vecinos. Pero eso no significa mucho si las condiciones en que vivimos no son igualitarias. Pero sin importar el credo al que pertenezcamos, sin importar nuestras ideologías políticas, sin importar nuestro nivel de ingresos económicos, o nuestro grado de estudios, todos estamos unidos por el hecho de ser chilenos. Lo más básico que nuestro país nos ofrece como noción de justicia, es que somos todos, todos iguales ante la ley.

Cuando un país se enfrenta a cambios sociales y culturales, debe analizar como encarar estos cambios para que sus ciudadanos estén mejor. Nuestro país ha cambiado profundamente en los últimos 50 años, y eso nos entrega un escenario profuso en historias, circunstancias y realidades. Y sin importar cuán disímiles son éstas, nuestros representantes deben abogar por todos los chilenos.

Hay cosas que en esta vida, puedo entender. Puedo entender que a la familia que me crió le resulte difícil y hasta chocante que el amor que yo siento por alguien no sea el que ellos hubiesen preferido. Puedo entender que será difícil conseguir la aceptación de una sociedad que cada vez es más renuente a los cambios. Puedo entender incluso que mi vida no será fácil. Pero esas son cosas que puedo entender, y con las que puedo lidiar.

Sin embargo no puedo entender que el país en el que nací me discrimine, quitándome lo que por derecho de nacimiento es mío, debido a que soy distinto. No puedo entender que mi orientación sexual sea vista como una desviación, cuando no hay estudios relevantes que así lo concluyan. No puedo entender que escudados en una religión se me discrimine como pecador por algo que es para mí natural, y no representa un daño a nadie.

Si todas estas razones no fuesen suficientes, piensen en lo felices que se sienten cuando piensan en las familias que han formado, en lo tranquilos que se sienten de saber que ellos de alguna manera están protegidos en caso de una eventualidad. En lo primordial que resulta para ser felices. Ahora piensen que incluso si yo tuviese una familia, no podría acceder a la tranquilidad de que mis seres queridos quedasen protegidos, de que mi pareja recibiese algún tipo de protección o beneficio si a mí me pasa algo.

No es un tema de amor. No es un tema de moral. No es un tema de valores, siquiera.
Es un tema de derechos. Vivo en un país que me exige como a todos, pero que no me da lo que a todos.

Por eso demando con esta carta que se respete uno de los preceptos más básicos de nuestra Constitución, el de igualdad. Demando que se apruebe el Pacto de Unión Civil que están actualmente revisando. Demando que terminemos con una de las divisiones de nuestro país, esa que dice que somos ciudadanos de segunda clase.

Juan Irrazábal Carvallo.
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